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Sueños de Botija
Enzo Francescoli Uriarte, un uruguayo nacido
en el montevideano barrio de Capurro el 12 de Noviembre de 1961, que comenzó
a tutearse con la pelota en las peladas canchitas del Club Cadys Real Junior
y en el liceo Maturana. De las Gambetas que marcaron su camino, del ingreso
denegado a Peñarol y a River de Montevideo, de la hinchada propia
que convocaba ese "Flaquito" que la rompía en la Cuarta División
de Wanderers.
El Pase Interminable
La gran sangría sufrida por River tras
el mundial de España y la paupérrima convocatoria que generaba
el equipo llevaba a los dirigentes millonarios a pensar en una transferencia
de peso. Alejado el "Beto" Alonso del club por una pelea con el técnico
Alfredo Di Stéfano, los ojos fueron puestos sobre el talentoso flaquito
de Wanderers. No resultó sencillo conseguir sus servicios. Por segunda
vez en sus 80 años de historia, el club uruguayo necesito convocar
a 2 asambleas de socios para aprobar la transferencia. Además, el
poderoso Milán - alentado por una gloria como Pepe Schiaffino -
también había fijado su atención en el "crack bohemio".
Finalmente, después de 2 meses de agotadores negociantes el 20 de
Abril de 1983, Enzo Francescoli se transformó en jugador de River
Plate.
Un Año Terrible
Después idas y venidas, de marchas
y contra marchas, Enzo Francescoli llegó a River. "No
me considero el salvador del equipo", anunciaba de entrada como para frenar
las presiones. Pero no lo consiguió el "flaco de Capurro", el botija
de 21 años, fue esperado aquí con las ansias de un público
que quería recuperar para su institución el prestigio regalado
en el último año. Arrancó bien, pero enseguida se
le comenzaron a cruzar piedras en el camino: el gran cambio del club de
barrio Gigante de Buenos Aires, la huelga de profesionales, la impaciencia
del público, la lesiones sufridas por algunas patadas violentas
que no estaban en sus cálculos, la angustia por no tener cerca a
sus seres más queridos. todo se le hizo cuesta arriba a Enzo en
1983, su primer año en Argentina. Un año para olvidar.
La Explosión
Entre 1984 y 1986, Enzo Francescoli vivió
una etapa inolvidable. No resultó sencillo escalar hasta la cima.
Debió luchar contra los deseos de Luis Cubilla, que pretendió
venderlo al América de Cali, como parte de pago de Roque Alfaro.
Debió pelearle al destino, desde un puesto - el número ocho
- que nunca sintió. Durante el interinato de Adolfo Pedernera encontró
la posición en el campo, desde la cual movería los hilos
del todo el equipo. Fue campeón en el conjunto dirigido por el Bambino
Veira. Fue goleador en dos oportunidades. Maravilló con todas sus
gambetas, su talento, con su electrizante chilena ante Polonia. Entre 1984
y 1986, los hinchas de River con el mejor Francescoli, tras el mundial
de México quedaron 2 cosas en Nuñez: los dólares europeos
y las promesas del regreso.
El Exilio
Fueron 8 años. El Enzo soñaba
con el ingreso triunfal a Europa a través de la puerta abierta por
el Matra Racing. Pero se equivocó. Preso de los caprichos
de un presidente obsesionado, debió quedarse tres años en
París, sufriendo los avatares de un fútbol frío y
sin pasión. Allí se estancó futbolísticamente,
desperdició los mejores momentos de su carrera. Lo quisieron en
Barcelona, la Roma y el Juventus. Pero no pudo ser. Jugó una temporada
en el Olympique de Marsella, donde recuperó la alegría y
finalmente arribo a su meta tan ansiada: Tres años en el Cagliari
y una en el Torino. La promesa regresó a River aparecía cada
vez más fuerte.
El Regreso Prometido
Y un día, el Enzo volvió a Nuñez.
Como tantas veces lo había expresado, el reencuentro con aquel amor
de la juventud se concretó el Miércoles 7 de Septiembre,
ante Nacional de Montevideo, en el Monumental. No era lo mismo, claro.
Un Francescoli más maduro, más jugador de equipo, menos explosivo
y electrizante, se erigió en el símbolo de un plantel que
por primera en la historia del club se coronó Campeón invicto.
Dirigido por un ex compañero como el "Tolo Gallego", el Príncipe
volvió para ser el goleador del Torneo. Fue un regreso más
auspiciado que lo esperado. En su mente, entonces, comenzó a revolotear
su obsesión: la Copa Libertadores.
La Celeste
Una historia difícil, plagada de sinsabores
y des encuentros. Francescoli lideró una generación de talentosos
futbolistas que conquistó un Campeonato Sudamericano Juvenil en
1981, tres Copas América (1983,1987,1995), pero que no logró
desarrollar su rico potencial en las Copas del Mundo. Ese sueño,
el del disputar en un gran Mundial, es la gran cuenta pendiente a la carrera
del Príncipe. De sus ilusiones
quebradas, de sus enfrentamiento terrible
con Luis Cubilla, de su ida anticipada y su regreso en un momento dificilísimo,
de la felicidad compartida con su pueblo, de sus lagrimas derramadas cuando
vivió por televisión el sorteo para USA ´94, de la
opinión de hinchas y compañeros.
El Ídolo
Desde el hincha anónimo que pinta una
bandera hasta el cantor conocido que le escribe un poema. Desde el compañero
de todos los días que le pide un consejo, hasta el adversario que
sufre sus goles y gambetas. Desde el presidente del club que le ruega por
un año más de contrato, hasta el utilero que comparte una
rueda de mates como si lo conociera de toda la vida. Todos, desde el primero
hasta el último, no han tenido más que palabras de admiración
hacia Enzo Francescoli. Y ese valor que sólo la gente puede otorgar,
esa calidez que unos pocos logran irradiar, ese sentimiento conocido como
"idolatría", el Príncipe lo ha conquistado de actitudes que
van mucho más de un hermoso gol o de un esperado Campeonato.
La Obra
Para recordar. Para emocionarse. Para revivir
a través de la imagen congelada los maravillosos goles de Enzo Franncescoli
en River Plate. Para vibrar. Para gritar nuevamente junto a él las
alternativas únicas de sus inolvidable campaña. De tijera,
de cabeza, de chilena, de tiro libre, de penal. Para todos los gustos y
de todos los colores. El Príncipe convirtió siempre, en encuentros
oficiales, torneos continentales y por supuesto,en amistosos. Se coronó
cuatro vecés como goleador del certamen. Venga, sumérjase
en el universo principesco de su eximia obra que es casi como disfrutar
de una pintura de Picasso, de una poesía de Mario Benedetti o de
la dulce vos de la Negra Sosa.
Un Final de Película
Alguna vez declaró Enzo que no estaba
en sus planes fracasar en su regreso, pero que tampoco soñaba ser
campeón y goleador en el primer intento. Y si no soñaba eso,
muchísimo menos podía imáginar que después
de un año de vacío de exitos deportivos con River sería
partícipe destacado de una avalancha de títulos. Enzo ganó
todo en sus 2 últimas temporadas como futbolista. Desde la Copa
Libertadores de América, aquella vieja ilusión quebrada diez
años atras por su ida al viejo mundo, hasta el tricampeonato en
el futbol doméstico y la Supercopa. En dos años, Enzo Francescoli
triplicó las vueltas olímpicas que ostentaba hasta el momento
vistiendo la Banda Sangre. En dos años, Enzo Francescoli rodó
una película que ni el mejor gionista podría haberlo pensado.
Gritando un Gol con River
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